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domingo, 3 de mayo de 2026

Cruz de Mayo: El Despertar de la Tierra: Entre el Madero y el Aguacero

Como cada 3 de mayo, mientras los altares se visten de flores y papeles de colores, un sonido familiar golpea el techo: el fuerte aguacero. No es una simple coincidencia meteorológica; para quienes sentimos esta tierra, es el grito del cielo que anuncia el inicio de la época de lluvia. Ese chaparrón, que cae justo en medio de la festividad de la Cruz de Mayo, es para mí el símbolo definitivo del ciclo de la vida: el inicio de la siembra, el reverdecer de nuestros campos y la promesa de que los caudales crecerán para traernos prosperidad y alimento.


Pero la Cruz de Mayo es mucho más que un rito agrario; es, en esencia, el espejo donde me reconozco como venezolano. En este velorio se entrelazan, con una armonía casi mágica, las tres raíces que nos definen.


Un crisol de identidades

Cuando observo el madero adornado, no puedo evitar sentir el peso de nuestra herencia aborigen. De ellos heredamos el respeto por el madero mismo, el significado sagrado de la naturaleza y la solemnidad de una ceremonia que conecta lo terrenal con lo divino. 


A esta base se le suma la influencia española, que nos entregó el culto a Jesucristo, la estructura de las décimas que recitamos con devoción y, por supuesto, la fecha marcada en el calendario santoral. Es la fe que se canta y se reza.


Sin embargo, el alma del velorio vibra con la fuerza africana. Es en el repique de la percusión, en ese canto de "llamado y respuesta" que eriza la piel, donde aparece nuestra esencia más festiva. La algarabía, el jolgorio, el "bochinche" y esa "rochela" tan nuestra son el motor que transforma el rito en una celebración comunitaria.

Reflexión final

Celebrar la Cruz de Mayo es entender que somos un pueblo mestizo que sabe esperar la lluvia con esperanza. Mientras el agua corre por las calles y el olor a tierra mojada lo invade todo, entiendo que nuestra identidad es, precisamente, esa mezcla perfecta entre la mística indígena, la fe hispana y la alegría inagotable del tambor africano. 

Que llueva, que la Cruz nos bendiga y que el campo vuelva a florecer.


Victor Peralta 

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II Lugar Premio de Periodismo “Dr. Manuel Palacio Fajardo” 2016

Desde el 06012014 - 4:35 p.m.