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miércoles, 8 de julio de 2026

Voces del Clima # 26. La trampa del hormigón: Por qué la adaptación climática exige desconstruir, no edificar

Por: Victor Peralta 

Coordinador Cambio Climático UTEC Portuguesa MINEC 

Durante décadas, el progreso urbano se midió en metros cúbicos de cemento. Ante la amenaza del cambio climático, la respuesta instintiva de gobiernos y planificadores ha sido la misma de siempre: más infraestructura. Diques contra las inundaciones, muros de contención renovados y megaestructuras de refrigeración. Sin embargo, esta "adaptación gris" es, en realidad, una huida hacia adelante. 


La verdadera adaptación al cambio climático no consiste en blindar la ciudad con más capas de hormigón, sino en algo mucho más radical y necesario: abrir paso a la naturaleza.


El fracaso de la "Ciudad Fortaleza"


La creencia de que podemos construir nuestra salida de la crisis de biodiversidad y clima es una falacia técnica. Las ciudades actuales funcionan como sellos térmicos e hidráulicos. El asfalto y el hormigón absorben la radiación solar, creando "islas de calor" que elevan la temperatura urbana hasta 10 grados por encima de las zonas rurales circundantes. Al mismo tiempo, su impermeabilidad convierte cualquier lluvia intensa en una inundación catastrófica al saturar el alcantarillado.


Insistir en construir más para "protegernos" es ignorar que el propio sector de la construcción es responsable de casi el 40% de las emisiones globales de CO2. Intentar frenar el cambio climático mediante el uso masivo de materiales que lo aceleran es, por definición, un contrasentido.


Del "Dominio" a la "Convivencia"


La adaptación crítica requiere un cambio de paradigma: pasar de la ingeniería de control a la infraestructura verde y azul. No necesitamos alcantarillas más grandes, necesitamos suelos que respiren. 


Abrir paso a la naturaleza en la ciudad, lo que los expertos llaman Soluciones Basadas en la Naturaleza, no es un ejercicio estético o decorativo. Es una cuestión de supervivencia urbana:

1. Ciudades Esponja: En lugar de canalizar ríos bajo el asfalto, debemos devolverles sus cauces y crear humedales urbanos que absorban el exceso de agua.

2. Corredores biológicos: Menos calles para automóviles y más bosques lineales que actúen como acondicionadores de aire naturales, reduciendo drásticamente el consumo energético.

3. Despavimentación: Es hora de empezar a "romper" el suelo innecesario para recuperar la permeabilidad de la tierra.


El reto político de la "No-Construcción"


¿Por qué, si la evidencia científica es clara, seguimos apostando por el cemento? La respuesta es política y económica. Construir un muro de contención genera contratos masivos, fotos de inauguración con cortes de cinta y una falsa sensación de seguridad inmediata. 


Por el contrario, "dejar de construir" o "demoler para naturalizar" es difícil de vender electoralmente. Requiere una visión a largo plazo y la aceptación de que el ser humano no puede controlar todos los procesos ecosistémicos, sino que debe adaptarse a ellos. La naturaleza no es un elemento decorativo que se coloca al final de un proyecto urbanístico; debe ser la columna vertebral sobre la que se asiente la vida urbana.


De manera que, la resiliencia de nuestras ciudades no se medirá por la altura de sus muros, sino por la profundidad de sus raíces. Si seguimos empeñados en ver a la naturaleza como un enemigo externo del cual hay que protegerse mediante barreras artificiales, perderemos la batalla.


Adaptarse hoy significa ceder espacio. Significa entender que, en un planeta que se calienta y se desestabiliza, menos construcción es más seguridad. Es hora de que el urbanismo deje de ser el arte de cubrir la tierra para convertirse en la disciplina de saber descubrirla.


COORDINACIÓN CAMBIO CLIMÁTICO UTEC PORTUGUESA MINEC 

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