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viernes, 1 de noviembre de 2019

La agroecología te abraza, no te desplaza


- Foto de Oscar De la Vega.
En la mañana del martes 29 de octubre, en el marco de una serie de actividades propuestas por la Fundación Rosa de Luxemburgo con motivo de la inauguración de su nueva casa de la oficina Cono Sur, se realizó una recorrida por las experiencias agroecológicas de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT).

Para abordar la temática de la producción de alimentos y mostrar que alimentarse no solamente es comer se propuso un recorrido que se inició por el último eslabón de la cadena de producción de alimentos: la comercialización. Así fue que la mañana del martes comenzó desde temprano en el almacén de la UTT, situado en el barrio de Almagro, con un desayuno  rodeado de las frutas, hortalizas y productos de la tierra de origen regional y cooperativo. Degustar lo que se produce de manera agroecológica, para empezar a pensar en los alimentos que consumimos.
Uno de los trabajadores de la UTT contó sobre la experiencia de organización y comercialización que les permite ir construyendo un precio más justo para el productor y el consumidor. Allí se generó un diálogo con las y los asistentes en donde se explico cómo es posible acceder a verduras y hortalizas frescas y escapar al ciclo de intermediación que, además de integrar la cadena de valor y abuso sobre las y los pequeños productores, incide en otros valores como el nutricional, el sabor y la frescura de los productos que consumimos. Un mate con yerba orgánica, frutas secas de Mendoza, frutas frescas de la quinta, quesos y dulces producidos por cooperativas fueron parte del menú.

Con la tierra aún húmeda llegamos hasta la localidad de El Pato, conurbano bonaerense, donde algunas de las familias de pequeños productores y productoras trabajan la tierra para producir hortalizas y flores de corte.  Bernardo Castillo nos recibió en su quinta contando que “teníamos acá una hectárea de donde nació la agroecología y se convirtió en bandera de lucha a nivel nacional”.

La UTT está compuesta por unas 16 mil familias en todo el país, que no solamente son productoras de hortalizas y flores, sino también de chanchos, leche y huevos. En asamblea se discute y se acuerda cómo y qué cosechar y a qué precio vender,  sin que esté afectado por las oscilaciones del mercado que perjudican tanto al productor como al consumidor.
Es la confianza en la naturaleza
Bernardo comenzó con la producción de floricultura por la cercanía del Mercado de Flores de Abasto y luego se diversificó con las hortalizas. Es decir, con todos los productos de la tierra que no son frutas: acelga, zanahoria, verdeo, achicoria, papa, frutilla, alcauciles, entre otras.

“Trabajamos con la biodiversidad y de una manera agroecológica, que es la única forma de lograr una cosecha segura. Es la confianza en la naturaleza lo que me vale a mí: yo planto lo que la naturaleza me lo va a dar. Es una esperanza para adelante”, agregó Bernardo. Además explicó que la diversidad les asegura la cosecha porque no se dedican a un solo producto.

Qué quiere decir Agroecología

“Por producir agroecológicamente se gana más”, afirma uno de los trabajadores. El Cotepo, Consultorio Técnico Popular, es desde donde se implementan estas prácticas agroecológicas. “Se van formando con el método cubano, de campesino a campesino. Aprender y transmitir lo aprendido a otros compañeros, la solidaridad como herramienta de aprendizaje y de construcción”, explicaron desde el Cotepo. “Pero además es un modo de recuperar nuestros saberes, como producían nuestros padres y abuelos que no necesitaban químicos para producir, y luego devolvemos lo que aprendemos y lo compartimos con otro”, agregaron.
En esa misma línea, una de las trabajadoras de la UTT aseguró que “la agroecología te abraza no te desplaza.  Tenemos una red a nivel nacional, damos cursos, recibimos compañeros de todas las regiones. Nuestros insumos son baratísimos en relación a lo que se comercializa en el mercado. Las productoras hablan de la tierra, de curarla para que sus hijos e hijas y lxs nuestrxs puedan comer sanamente y no envenenarse”.
Luchas por el territorio
La lucha no solo es por el acceso a la tierra, una histórica reivindicación de quienes la trabajan. También implica cuidarla para que produzca alimentos sanos en las mejores condiciones para las y los trabajadores y sus familias y, también, para lxs consumidores.  “La tierra es un ser vivo, es como un enfermo al que hay que curar. Es una relación de respeto”, explicó uno de los productores respecto a la remediación de la tierra afectada por el uso de agroquímicos. “Para curar la tierra los insumos están en la misma quinta”. Por eso tienen un “kiosco”, donde se almacenan los bioinsumos naturales que ellas y ellos mismos producen recuperando saberes que traen de sus tierras.  En ese kiosco se encuentran los preparados naturales para cuidar la tierra y producir en condiciones de cuidado: remediaciones, caldos minerales, fertilizantes naturales, purinas, tinturas madres.

Por su parte, los circuitos de distribución y comercialización no solamente permiten un precio más justo para productorxs y consumidorxs, sino que además les permite producir pensando que tienen asegurada la comercialización de sus productos. Mercados populares, bolsones, venta directa, ferias y almacenes son algunos de los recursos que se fueron inventando para escapar a la avaricia y el abuso de las intermediaciones y las corporaciones y lograr una forma de comercio justo.
Mujeres de la tierra
Las trabajadoras de la tierra levantan su voz para contar que “la mujer también tiene que decidir, porque antes solo era el varón el que decidía”. Ellas también han dejado de estar en el anonimato, salieron del silencio y visibilizaron la cantidad de tareas y responsabilidades que asumen cotidianamente, producto del rol que el patriarcado les impuso. Es por eso que decidieron crear una Secretaría de Género.
Las madres trabajadoras de la tierra también son las que dan de comer, las que se ocupan de educar a sus hijos e hijas, las que bregan para que “puedan comer sanamente y que la agroecología es vida y salud para todos”, explicó Zulma, una de las trabajadoras. Organizaron también un jardín comunitario “para que nuestras compañeras puedan trabajar y que los niños estén seguros y coman bien”.

Las mujeres en el campo no están exentas de las diferentes formas de violencia de género, como lo es la violencia económica y necesitan que sus hijas e hijos estén cuidados para poder salir a trabajar. Frente a estas situaciones además fueron creando una escuela de remedios naturales, donde las mujeres recuperan y comparten saberes y así aprenden a curarse. Encontraron además una fuente de trabajo con la venta de tinturas madres y remedios naturales, porque “la tierra te da todo para curarte”, afirmó Zulma.

Son ellas también las que pusieron en evidencia las necesidades que afectan a niñas y niños del sector con las faltas de vacantes en las escuelas para las y los hijos que intentan acceder a las escuelas medias, por lo que “sueñan con crear escuelas rurales” para cubrir estas necesidades.  Hombres y mujeres van aprendiendo a compartir tareas y responsabilidades, mientras ponen en evidencia la disparidad de responsabilidades y la ausencia de las mujeres en la toma de decisiones.

El hermoso día de caminar al sol, tocar las plantas, reconocerlas, escuchar a las y los trabajadores que tienen una relación de trabajo y amor por la tierra, finalizó con un almuerzo con sus productos y comidas bolivianas, de donde son originarios buena parte de quienes producen lo que nos da de comer.
Un campo de disputa
Nahuel Levaggi, coordinador nacional de la UTT, y Diego Montón, referente del Movimiento Nacional Campesino e Indígena (MNCI) –  Vía Campesina de Mendoza, estuvieron a cargo del cierre de la actividad.

Levaggi, explicó que la lucha reivindicativa fue el inicio de la organización que demandaba al Estado mejorar la calidad de vida de las y los productores familiares  y el acceso a la tierra para quien la trabaja. Le siguieron otras luchas que se fueron construyendo en el camino. Se propusieron visibilizar al sujeto social que produce lo que se consume, sus condiciones de vida y el abuso de los circuitos de intermediación a los que son sometidos, con acciones concretas como los Verdurazos, que además permitió poner en primer plano el hambre de miles de personas que se acercaban. Una acción que se sostuvo durante los cuatro años del macrismo. Tal como lo relató el coordinador de la UTT, “esto permitió ir construyendo alianzas con el pueblo y poner en evidencia ese otro campo lejos del imaginario del campo y la tradicional oligarquía rural más vinculada al Agronegocio, los pooles de siembra y los negocios financieros, para poder construir otro modelo de campo vinculado a la necesidad de construir nuestra soberanía alimentaria”. Una síntesis que también incluye un hito como fue el Primer Foro Agrario Nacional de este año en el que se construyó un Programa Agrario frente a la imposibilidad de proponer la reforma agraria de manera directa.

Levaggi fue preciso al destacar que “el eje de la discusión hoy son los alimentos y a través de eso uno puede interpelar al conjunto de la sociedad. Ese es el eje desde donde discutir el modelo, la matriz productiva, la matriz de comercialización, el modelo agrotóxico, la matriz energética. Eso que une a todos y todas y que entendemos es una de las herramientas para plantear el modelo alternativo”.

Diego Montón, del MNCI, llegado de Mendoza, también pudo trazar una breve semblanza de la historia de una clase ganadera que construyo una cultura dominante basada en el exterminio de indígenas y negrxs que impuso un modelo de consumo alimentario basado en la harina de trigo y la carne de vaca, al tiempo que se fueron destruyendo patrones alimentarios nacionales. “Somos de los países que menos frutas y hortalizas consume, donde se impuso el consumo de la leche de vaca y donde la malnutrición es una impronta cultural”, explicaba.
También aludió a la promulgación de la Declaración de los derechos de campesinos y campesinas que fue aprobada en la ONU a fines del año pasado y que en términos concretos implica obligaciones de los Estados para asegurar efectivamente el acceso a derechos básicos que todavía no habían sido reconocidos.  Puntualizó además sobre algunas cuestiones ligadas al modelo productivo, donde la crisis climática parece tener un papel importante en la crisis alimentaria, junto a la desocupación ligada al campo.

Montón afirmo que “el desafío es politizar la discusión en torno a la alimentación”, en una coyuntura que reconoce en el Congreso Nacional la emergencia alimentaria, que condena a miles de personas al hambre y en donde juega un importante papel la definición de la soberanía alimentaria, “que tiene que ser con el protagonismo activo de las organizaciones del sector campesino e indígena”.

- Fotos de Oscar De la Vega.
Fuente: Marcha

lunes, 28 de octubre de 2019

En Cuba, la revolución de las granjas agroecológicas

ONG Greenpeace visitó la isla para conocer este plan. Hoy la mitad de los productos son orgánicos. La agroecología provee hoy el 50 por ciento de los alimentos que se consumen en el país.
Foto: Archivo particular
A comienzos de este año, el Rainbow Warrior, el ya conocido barco de Greenpeace, una de las organizaciones ambientales más destacadas en el mundo, atracó en Cuba, la isla caribeña, en busca de un tesoro: el conocimiento.

Granja tras granja, expertos de la ONG fueron tras el secreto de la política agroecológica de Cuba, un país destacado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura por su apuesta de producir vegetales y frutas sin utilizar químicos ni afectar el suelo. “Una persona necesita a un agricultor cuatro veces al día: cada vez que come.
No tanto así requiere a un abogado, a menos que tengas muchos problemas”, bromea Franco Segesso, experto argentino en agricultura y quien conoció las experiencias cubanas para hacer recomendaciones a países de Suramérica como Colombia.

Segesso explica aquí qué hay detrás de 25 años de un proyecto revolucionario en términos ambientales y de producción de alimentos.

A comienzos de este año, el Rainbow Warrior, el ya conocido barco de Greenpeace, una de las organizaciones ambientales más destacadas en el mundo, atracó en Cuba, la isla caribeña, en busca de un tesoro: el conocimiento.
Granja tras granja, expertos de la ONG fueron tras el secreto de la política agroecológica de Cuba, un país destacado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura por su apuesta de producir vegetales y frutas sin utilizar químicos ni afectar el suelo. “Una persona necesita a un agricultor cuatro veces al día: cada vez que come. No tanto así requiere a un abogado, a menos que tengas muchos problemas”, bromea Franco Segesso, experto argentino en agricultura y quien conoció las experiencias cubanas para hacer recomendaciones a países de Suramérica como Colombia.

Segesso explica aquí qué hay detrás de 25 años de un proyecto revolucionario en términos ambientales y de producción de alimentos.

¿Por qué visitar Cuba para aprender agroecología?

Queremos mostrarle al mundo cómo –debido a la situación económica– la agroecología surgió como una salida a la crisis en la isla. Los primeros años de la revolución, incluso antes, Cuba apostó al modelo intensivo en agroquímicos, principalmente para el tabaco y la caña. Pero con la crisis económica, sumada a la caída de la Unión Soviética y al bloqueo de Estados Unidos, la isla se vio obligada a producir con los insumos que tenía localmente. Varias organizaciones locales y científicas, que venían insistiendo en este modelo, fueron escuchadas, porque presentaron una solución de producción sin insumos externos. Nuestro interés era mostrar cómo la agroecología, en momentos de crisis, se visibiliza como una solución a estos problemas.

¿En qué momento surge esta tendencia?

En los años 90 comienzan a caminar las políticas públicas de manera más fuerte, producto de la caída de la Unión Soviética, que era de donde provenían los insumos químicos. Hoy, el resultado de la apuesta es un programa nacional de agricultura urbana y periurabana que está reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como uno de los más importantes en el ámbito mundial. Emplea a 350.000 personas y además les apuesta fuerte a las zonas periurbanas que hacen que hoy las fincas agroecológicas provean el 50 % de los alimentos consumidos localmente.

¿En todo el país o solo en La Habana?

El programa es nacional, pero tiene gestión desde los municipios. Además, es una estrategia de alianza con instituciones locales; por ejemplo, universidades y organizaciones como la Asociación Nacional de Pequeños Productores de Cuba, que está asociada internacionalmente con la alianza Vía Campesina. El sistema agroecológico en Cuba, con solo el 25 % del territorio cultivable, logra abastecer el 50 % de las frutas y verduras que se consumen localmente.

¿Quiénes hacen posible esta hazaña?

Los pequeños agricultores. En primer lugar producen una dieta saludable para ellos mismos y son los responsables del 90 % de las frutas y verduras. Son ellos un segmento muy importante para tener en cuenta en la producción de alimentos. Globalmente, esta política también tiene mucha importancia, porque de los 800 millones de personas que sufren de hambre en el mundo, cerca de 400 millones son pequeños y medianos agricultores. Lo que ha demostrado este programa es que es posible darles un sustento de vida precisamente a ellos.
La agricultura es responsable del 24 % de los gases de efecto invernadero. En Cuba, gran parte de suelos deteriorados por el cultivo de la caña fueron recuperados.Foto: Archivo particular
¿Qué hace tan exitoso este modelo?

El programa está concebido como de prioridad para la seguridad nacional. Cuba prioriza la compra pública de alimentos a las escuelas, los hospitales, a los centros psiquiátricos y a las fuerzas armadas. Es fundamental que otros países de Suramérica tomen este modelo. Y lo digo porque tanto países como Colombia y Argentina tienen modelos agroexportadores en los que la matriz productiva responde a la demanda externa y no a los consumidores locales. Al pensar la alimentación como un tema de seguridad, hace que se invierta el prisma del análisis y la decisión sobre cuáles políticas adoptar en torno de la agricultura. Por ejemplo, en Colombia se está discutiendo el desarrollo agroindustrial que se pueda dar en las zonas de posconflicto…
¿Qué podemos aprender de Cuba en este sentido?

El programa cubano tiene cuatro bases: las semillas, el agua, el manejo ecológico de las plagas y el manejo integral de los cultivos. Este último tiene que ver con la diversidad de cultivos que se planten. Y en cuanto a plagas, se relaciona con la prevención de estas mediante la producción diversa y la calidad del suelo. En relación con las semillas, se trabaja con la diversificación de los puntos para su producción y se intenta que los agricultores cubanos produzcan sus propias semillas, no el Estado. En Colombia y Argentina hay debates por las leyes que atentan contra la autonomía y la soberanía del país, porque se entrega su uso a través de los derechos de propiedad intelectual de las semillas. Estas cuatro bases son lo que permite tener un modelo de agricultura a escala humana, y no industrial, para alimentar a su población.

En el uso de agua, ¿a qué le apunta la política cubana?

En Cuba hay momentos de sequía en diferentes sitios. Lo que se hizo fueron pequeñas represas y se fomenta el policultivo, porque con un suelo sano se consume menos agua. De hecho, es entre tres y cinco veces menos de lo que gasta otro tipo de técnica. Muchas veces se piensa que el manejo del agua es solamente riego, pero tiene que ver con la eficiencia en el uso del suelo. Los sistemas agroecológicos se basan en la eficiencia energética en su funcionamiento y consumo. Por ejemplo, hemos visto muchos casos de granjas con biodigestores, donde se utiliza la excreta animal y los residuos de los cultivos para generar energía eléctrica, gran parte con paneles solares. Esas son estrategias que la agroecología abraza y ciertamente no se ven en la agroindustria.

En cuanto al agua también es clave que no usan químicos ni se abusa de los antibióticos en la producción animal, porque de esta manera la excreta o el uso de agrotóxicos podría llegar a los ríos y después esa agua no se podría utilizar.

Cuando comenzó esta transformación, ¿cómo se logró dejar de lado los agroquímicos de los que dependían?

La primera estrategia fue convencer a los productores de que volvieran al campo y no los utilizaran más. Se estableció la estrategia Campesino-Campesino, en la cual la formación no viene desde afuera, sino que los mismos agricultores se capacitan entre ellos. De esta manera se hace más atractiva la enseñanza y el convencimiento para entender entre pares cuáles son las mejoras que ofrece el sistema ecológico. En cuanto al manejo de plagas, lo que ocurre es que al haber un modelo productivo más diverso, el daño de las plagas no llega a ser tanto, porque un cultivo saludable es el reflejo de un suelo saludable. Es como una persona cuando no está bien nutrida, pues tiene más posibilidades de sufrir enfermedades. Y si a eso le sumamos diversidad de cultivos, cuando aparece una plaga no ataca a toda la producción. Hay equilibrio. También han empleado una estrategia de microorganismos eficientes y plantas de señuelo para las plagas.

¿Cómo logró Cuba organizar a sus ciudadanos?

La estrategia del cooperativismo fue muy importante. Dos leyes también permitieron la entrega de tierras cuando hubo la gran expropiación. Lo que se hizo con esto fue un proceso de entrega de tierras públicas a campesinos que tenían intención de producir de manera cooperativa.

¿El país cómo logró la sostenibilidad financiera de esas granjas?

Los productos son comprados por las empresas estatales para alimentación de escuelas y otros entes. Por ejemplo, el gobierno anterior de Brasil también lo aplicó e hizo compras directas para escuelas a los productores agropecuarios.

Otra cosa que se ha hecho para incrementar la ganancia de los productores son los puntos directos de venta en las fincas y también en las ciudades. Esta estrategia es clave para aplicarla en Argentina y en Colombia, porque con los puntos de venta se evita a los intermediarios.

Otra cosa que recomendamos es la certificación participativa. Normalmente en los países latinoamericanos existe la certificación orgánica, que le da el sello de origen orgánico. La mayoría de esa producción no es para el consumo interno, sino para exportación. Eso hace que se incrementen los precios y que los controles no sean lo suficientemente certeros. Ahora, la certificación participativa se basa en una matriz de consumo local, donde son los mismos productores de la región los que se regulan entre sí. También hay un actor clave y son las organizaciones de consumidores, que deben hacer el control, y el último garante es el Estado mismo o una universidad.

Al cabo de 20 años, ¿qué le ha dejado ambientalmente la agroecología a Cuba?

Gran parte de los suelos cubanos han estado muy deteriorados por la agricultura industrial de cultivos de caña y azúcar. Algunas de las fincas que visitamos eran para producción de caña, y los pequeños productores, con varios años de trabajo, lograron recuperar ese suelo.

¿Qué papel ha tenido la investigación científica en la implementación del plan de agroecología?

Visitamos a científicos cubanos durante nuestro recorrido y ellos han insistido en este sistema, porque la eficiencia de la agroecología se ha logrado con pruebas en el territorio, mediante la creación de estaciones experimentales.

Ante el cambio climático y los escenarios futuros, ¿cómo ayuda el plan?

La agricultura es la responsable del 24 % de los gases de efecto invernadero: es bastante. Por eso, la FAO le ha llamado varias veces la atención al sector agroindustrial por la producción de carne, maíz y soya, ya que es muy ineficiente. Al ser la estrategia de alimentación un tema de seguridad nacional, se han apoyado en la agroecología como manera de minimizar los impactos de cambio climático.
Por Laura Betancur Alarcón
Redactora de EL TIEMPO
Febrero de 2017
Fuente: El Tiempo

miércoles, 23 de octubre de 2019

Campesinos venezolanos cultivan con éxito semillas artesanales de maíz amarillo

En un encuentro científico, Pedro Characo, representante campesino de Anzoátegui, comentó que la semilla Guanape MFE es una variedad de maíz autóctono del sector Valle Guanape, que tiene una gran variedad de usos, entre estos la producción de alimentos para consumo humano y para animales
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Como parte de la alianza científico-campesina que impulsa el Gobierno Nacional, productores agroecológicos nacionales presentaron sus proyectos de rescate, conservación y multiplicación de semillas de maíz amarillo.

Durante el Encuentro con la Ciencia y la Innovación, efectuado en el Palacio de Miraflores, y al que asistió el presidente Nicolás Maduro, Pablo Characo, representante campesino de Valle de Guanape ( Anzoátegui), explicó que trabajadores rurales está aplicando procesos innovadores para el rescate y mejoramiento de la semilla nacional de maíz amarillo bajo un modelo de siembra sin químicos, de forma cien por ciento natural, con el fin de cuidar el ambiente.

“Hemos recibido el apoyo técnico de la Corporación para el Desarrollo Científico y Tecnológico (Codecyt). Hemos trabajado y probado nuestra semilla, superando los siete mil kilos por hectárea. Estamos incrementando la producción agrícola y garantizando la soberanía de la semilla para alimentar a los venezolanos y a las venezolanas”, manifestó.

Characo aseguró que más de dos mil trabajadores rurales de Valle de Guanape, Puerto La Cruz y Barcelona en Anzoátegui, Upata y San Félix en Bolívar, Caucagua en Miranda, Arenales en Lara y Cumanacoa en Sucre, unieron sus esfuerzos y conocimientos para la recuperación de semillas de maíz.

De igual modo, declaró que el rescate, la conservación y la multiplicación de semillas es clave para el país. En ese sentido, señaló que Venezuela ya está en capacidad de abastecer a la población con semillas autóctonas de papa, yuca y batata, que se ubican entre los diez alimentos que más consume el pueblo venezolano.

“Ahora, estamos activados con la semilla de maíz, que es el primer alimento en la mesa de las familias venezolanas. Este rescate significa soberanía, independencia y reconocimiento a lo nuestro.

También, tenemos semilla de ñame, estevia y caña de azúcar”, expresó.

Maíz patrio

En el encuentro científico, Pedro Characo comentó que la semilla Guanape MFE es una variedad de maíz autóctono del oriente de Venezuela, específicamente del sector Valle Guanape, la cual posee unagran variedad de usos, entre los que está la producción de alimentos para consumo humano y para animales.

“Es una semilla muy rendidora que se puede adaptar fácilmente a otras condiciones de clima en Venezuela, varía de acuerdo con la región. La hemos probado en los estados Lara, Bolívar, Miranda, Sucre, Yaracuy y Apure, dando buenos resultados. Es resistente a plagas, como es el caso del gusano cogollero”, señaló.

El agricultor aseguró que para fertilizar esta semilla utilizan productos agroecológicos, como biofertilizantes, que se producen en la comunidad de Guanape, por ejemplo, el humo de lombriz y el estiércol de ganado.

Indicó que una vez que lograron el mejoramiento de la semilla en Anzoátegui, los productores unieron sus esfuerzos para trasladarse a otras entidades del país para formar y apoyar a otros trabajadores del campo.

“Estamos creando conciencia de que la semilla no es una mercancía, es un patrimonio de vida para el consumo del pueblo venezolano. Es para la producción, procesamiento y alimentación de la comunidad. Estamos avanzando, dando pasos para producir la semilla a mayor escala”, concluyó.
TyF/ Prensa Mincyt
Caracas
F/ Correo del Orinoco 22/10/2019

martes, 22 de octubre de 2019

INIA promueve la cunicultura como alternativa de producción familiar

Atendiendo el decreto anunciado por el presidente de la República Nicolás Maduro, destinado a la protección legal y financiera de especies animales como conejos, cabras, ovejas, aves y porcino, en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), organismo adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Productiva y Tierras (Min-Agricultura), se llevó a cabo un foro denominado La Cunicultura como Alternativa de Producción Familiar, para avanzar hacia nuestra independencia agroalimentaria.

El encuentro de saberes se desarrolló en el Auditorio de la Gerencia General del ente agrario, y participaron como ponentes Manuel Solórzano, Kazandra Barreto, Renny Salcedo, Hadid Fernández, Weismar Amundaray y Andrés Delgado, quienes tuvieron la oportunidad de tratar temas como las generalidades de la cría de conejos, razas de conejos para la producción de carne, alimentación alternativa en la cunicultura, registro y sistematización de la información en exploraciones cunícola y experiencias en unidad de producción familiar.

Al respecto, Euval Solórzano, coordinador del Departamento de Desarrollo Comunitario del INIA, expresó que la iniciativa tiene el propósito de ampliar experiencias en el área cunícola ya que hay familias que han emprendido la cría de esta especie y requieren asistencia técnica. “La visión de la Gerencia de Participación y Desarrollo Comunitario fue crear y organizar una red a través de los CLAP Productivos, consejos comunales, productores, productoras, investigadores e instituciones relacionadas con el ámbito agrícola, a fin de que los mismos tomen la cunicultura como una fuente de producción familiar y de esta manera obtener la proteína animal”, indicó.

Asimismo, Solórzano resaltó que a raíz de estos encuentros se decidió potenciar este movimiento cunicultor que viene creciendo y es promovido por el ministro de Agricultura, Wilmar Castro Soteldo, y liderada por el presidente Nicolás Maduro.

Por su parte, Renny Salcedo, profesor de la Universidad Rómulo Gallegos y miembro de la Escuela Cunícola Agroecológica Arawaco, explicó que estas jornadas informativas sirven para fomentar la cría de conejos como una alternativa para el consumo de proteína de origen animal. A su vez, recalcó que desde hace tiempo vienen trabajando con las comunidades en pro de fortalecer este alimento de guerra, declarado así por el Ejecutivo Nacional el 17 de abril de este año.

De igual forma, el profesor Salcedo mencionó que durante el foro se desarrollaron tópicos relacionados con la organización, producción, genética y sanidad, puntos importantes para aquellos interesados en iniciarse en este proceso productivo.

Las instituciones que asistieron a la jornada fueron INSAI, Fundación Ciara, Banco Agrícola, Fondas, Fundacite Aragua y la Secretaría del Min-Agricultura en la entidad.
T/ Prensa INIA
Maracay
F/ Correo del Orinoco 22/10/2019

jueves, 17 de octubre de 2019

Te consideras Agroecólogo? Siembras sanamente? Investigas o formas en agroecología? Truekeas alimentos? Estas en un movimiento social para alimentarte mejor? Entonces esto ES CONTIGO!!

 
Queremos registrar en un mapa, las diversas manifestaciones de la agroecología en Venezuela para identificar y promover la interacción entre actores que puedan generar planes e iniciativas populares o generación de políticas públicas.

Aquellas personas, instituciones, colectivos, etc interesados en aparacer en este mapa, que estará disponible en distintos sitios web, deben ingresar sus datos en el siguiente: Formulario:


Una vez llenado el formulario nuestro equipo de trabajo, procederá a revisar la información para añadir la ubicación geográfica y la ficha informativa al mapa. Este proceso no es automático, puede tardar entre 2 y 3 dias.

El mapa actualmente está en pleno proceso de construcción, pero si deseas visualizar los avances, puedes acudir al siguiente enlace: Mapa de la agroecología en Venezuela

miércoles, 16 de octubre de 2019

El impacto social, nutricional y ambiental del desperdicio de alimentos

La demanda mundial de alimentos está aumentando y cambiando rápidamente debido al crecimiento de la población, las modificaciones en la dieta y el desarrollo económico.

La mejora de la sostenibilidad del sistema agroalimentario es una prioridad a nivel mundial, aunque muchos de los esfuerzos se han centrado hasta ahora en el lado de la producción (como el aumento de las hectáreas cultivadas).

Sin embargo, la promoción del consumo responsable (dietas sostenibles y saludables, y reducción del desperdicio de alimentos) es una estrategia clave para lograr beneficios ambientales y una seguridad alimentaria sostenible.

Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, el ODS 12, se enfoca a la producción y el consumo responsables. Una de sus metas es reducir a la mitad la pérdida y desperdicio de alimentos.

Desperdicio alimentario, fuente de desigualdad

El desperdicio de alimentos genera un gran impacto sobre la seguridad y distribución alimentaria a nivel mundial. Según la FAO, existen más de 815 millones de personas con desnutrición en el mundo. Desaprovechar alrededor de un tercio de los alimentos producidos genera una gran desigualdad y una importante distorsión en el conjunto del sistema alimentario.

El número de estudios destinados a cuantificar el desperdicio alimentario a lo largo de la cadena ha crecido significativamente durante los últimos años. Anteriormente, no solo escaseaban los trabajos científicos o técnicos, sino también la concienciación en la opinión pública.

Poco a poco, debido en gran parte a la asociación del desperdicio con la desnutrición y al gran impacto ambiental que supone, las estimaciones y análisis sobre la materia se han incrementado.

La pérdida y el desperdicio de alimentos representan un mal uso de la mano de obra, el agua, la energía, la tierra y otros recursos naturales que se utilizaron para producirlos.

Los estudios que se han realizado recientemente vinculando desperdicio y medio ambiente tratan de responder preguntas como: ¿cuáles son los efectos de tirar la comida sobre las emisiones de gases contaminantes o los recursos naturales? ¿Sería posible obtener mejoras ambientales significativas reduciendo el desperdicio de alimentos?

En diferentes investigaciones se ha puesto de manifiesto que reducir el desperdicio de alimentos se traduce en una disminución considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Esto se debe a que la producción de todos los alimentos que se pierden o desperdician a lo largo y ancho de la cadena genera una serie de GEI que se podrían evitar si no fuesen obtenidos.

Dicho de otra forma, los alimentos no consumidos se convierten en comida “destinada” única y exclusivamente a contaminar. Si no fuesen desperdiciados, no se necesitaría producir otros nuevos (con las emisiones que ello genera).

Por ejemplo, el desperdicio de 88 millones de toneladas de alimentos al año en la UE es responsable de la emisión de 170 millones de toneladas de CO₂. Esta cifra representa el 8 % del total de emisiones globales y se acerca al volumen de este gas correspondiente al transporte por carretera.

Una investigación a escala mundial concluyó que alrededor del 25 % del total de kcal producidas se desperdician. Esta tasa de pérdida de alimentos supone que alrededor del 23 % de los recursos naturales (agua dulce, tierras de cultivo y fertilizantes) son igualmente desperdiciados.

El estudio demostró también que el uso total de las tierras de cultivo “desperdiciado” es casi igual a la extensión de la superficie agrícola de África.

Pérdida de agua y nutrientes


El desperdicio de alimentos implica también una pérdida de agua (la utilizada para producirlos) o nutrientes. Desde el centro CEIGRAM de la Universidad Politécnica de Madrid y el Observatorio del Agua de la Fundación Botín hemos realizado un estudio para evaluar los impactos hídricos y nutricionales relacionadas con el desperdicio en hogares españoles.

Los resultados del trabajo mostraron que “solo” se desperdicia un 4 % de lo comprado (unos 26 kg por persona y año). Pero esta cifra implica un desperdicio de 116 litros de agua por persona y día. De ellos, 19 litros son de “agua azul” (fueron destinados directamente para riego). Este volumen supone casi un sexto de todo el agua que utiliza una persona diariamente para el resto de actividades en el hogar (ducha, bebida, limpieza, etc.).

Además, el desperdicio de alimentos lleva asociada una pérdida de nutrientes. Nuestros resultados revelaron que debido al desperdicio anual de alimentos en los hogares españoles, se malgastan las siguientes cantidades de nutrientes por persona y año:

  • Macronutrientes: 40 385 kcal, lo que significa casi 7,5 kg de macronutrientes; 1,5 kg de proteínas, 1,8 kg de grasas y 4,2 kg de carbohidratos.
  • Fibra: 483 g.
  • Micronutrientes: casi 160 gramos (19 g de vitaminas y 141 g de minerales).

Esto significa que alrededor del 5 % de la energía (kcal), el 5 % de las proteínas (y el resto de macronutrientes), el 8 % de la fibra, el 4 % de los minerales y el 11 % de vitaminas se pierde en la parte final de la cadena alimentaria.
Con el equivalente al desperdicio generado anualmente en el conjunto de todos los hogares españoles se podría alimentar a casi 2,2 millones de personas al año. A nivel individual, los nutrientes contenidos en la comida que tira anualmente una persona podrían alimentarla durante 18 días (teniendo en cuenta una necesidad media de alrededor de 2 200 kcal/persona y día).

F/  https://grandesmedios.com 16/09/19

jueves, 10 de octubre de 2019

“Nosotras sabemos qué hacer” – 1° Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra

“Este jueves 10 y viernes 11 de octubre cientas de mujeres trabajadoras de la tierra, de agricultoras, de productoras de alimento nos vamos a juntar en nuestro 1° Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra” cuenta Rosalía Pellegrini, Secretaria de Género de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT).

“La mayoría somos promotoras de género rural, porque ante la ausencia del Estado con políticas específicas diseñamos todo un plan de promotoras rurales de género. Y lo que hacemos es salvarnos: salvarnos de los machismos que habitan en nuestras casas, de los machismos que habitan en nuestras quintas donde somos esclavas de un modelo de producción en el cual no podemos decidir cómo producir, y donde nos envenenamos a nosotras y a nuestras familias.”

Las trabajadoras de la tierra “somos esclavas sin recibir un sueldo; tenemos triple trabajo porque somos sostenedoras de la familia, que garantiza la reproducción de nuestra forma de vida campesina, somos mano de obra en las quintas donde trabajamos muchas horas, y al mismo tiempo somos sostenedoras de estas redes donde nos salvamos a nosotras mismas de la violencia machista que genera el sistema capitalista y el modelo de agronegocio.”

“También sostenemos nuestras organizaciones donde nos planteamos transformar las relaciones sociales. No sólo transformarnos a nosotras sino transformar a los varones quinteros, agricultores, que se encuentran también sumergidos en un modelo de producción, en un estereotipo, en una forma de ser y relacionarse que genera la violencia que sufrimos.”

Del Encuentro van a participar compañeras de las 15 provincias donde la organización tiene bases, y contarán con la presencia de compañeras de organizaciones campesinas hermanas de Latinoamérica: van a aportar su experiencia y mirada compañeras como Viviana Catrileo de  Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indigenas (ANAMURI) de Chile, compañeras de la  Coordinadora Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas (CONAMURI) del Paraguay, Adriana Guzmán del  Feminismo Comunitario Antipatriarcal de Bolivia, Lolita Chávez del Pueblo Quiché de Guatemala, Blanca Chancoso de la  Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y compañeras del  Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil.
“En ese marco vamos a debatir y a desarrollar una agenda de lucha en lo que llamamos este feminismo popular y de las trabajadoras de la tierra, para después participar del 34° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias de este sábado 12 y domingo 13 de octubre.”

El domingo 13/10 al mediodía, en el marco de la  Campaña Somos Plurinacional, van a participar de la mesa de  Feministas del Abya Yala en la Plaza San Martín de La Plata. Y a las 15hs convocan ahí mismo a un “Verdurazo de las mujeres agricultoras y productoras de alimento. Para afirmar que aquellas que producimos alimentos, aquellas que no tenemos acceso a la tierra no queremos ser más marginadas. Queremos acceso a la tierra y soberanía Alimentaria en un modelo que nos incluya como mujeres.”

Para finalizar y en el marco de las declaraciones del CEO de Syngenta, Antonio Aracre, de donar el 1% de la producción de esta campaña “para combatir el hambre en la Argentina”, nos dice: “ No contamos con ellos para solucionar la emergencia alimentara de nuestro pueblo. Él es representante de una empresa (como otras) que nos envenena a nosotras y a los consumidores; que nos encadena a un modelo de producción sin acceso a la tierra y donde no podemos decidir nada. Pero nosotras sí sabemos qué hacer y lo estamos haciendo con agroecología, con organización y con nuestro feminismo.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Amazonía, cuando los pueblos arden

Hoy no solo la selva amazónica arde, sino que la casa de 400 pueblos está en llamas. Son cientos de conocimientos y sabidurías para la sostenibilidad de la madre tierra, abocadas a desaparecer. Son cientos de miles de personas en riesgo de ser expulsadas de su casa para engrosar la miseria de los barrios marginales de Sao Paulo, Río de Janeiro, Lima o Bogotá.

Hicieron falta dos semanas de agosto para que los medios de comunicación occidentales empezaran tímidamente a hacerse eco de los incendios en la Amazonía; aún hoy, ya en pleno septiembre, siguen negándose a informar sobre los aún mayores en el África ecuatorial (Congo, Angola…). Ya ha pasado más de un mes desde que los primeros se declararon y tras unos pocos días en los informativos, la Amazonía ha desaparecido de nuevo de portadas y primeras noticias, aunque la situación persiste en su gravedad y el fuego abre nuevos espacios de vaciamiento del bosque.

Un dato que nos ilustra con absoluta claridad esta visión y el desinterés verdadero por lo que allá ocurra es el que nos dieron los gobiernos que se autodenominan como los más poderos del planeta, el G-7, durante su reunión en Biarritz. Coincidente ésta con el fuego que consumía miles y miles de hectáreas, y a fin de no parecer del todo insensibles y tener cierto protagonismo en los medios apareciendo como preocupados, se dignaron aprobar casi veinte millones para apagar el incendio; dinero que, posiblemente, nunca llegará a hacerse realidad.

El ridículo fue escandaloso, cuando las redes sociales les recordaron que el año anterior el compromiso internacional para recuperar el techo de Notre Dame en París había ascendido en escasas horas a varios cientos de millones. Resulta ser una evidencia triste del hecho de que hay destrucciones de ciertas “catedrales naturales” que nuestras poderosas e “inteligentes” autoridades siguen sin comprender; evidencia también de la hipocresía absoluta de estas élites.

Otra cuestión claramente mostrada en esos días fue la preocupación por la defensa de los ecosistemas en peligro. Primaron los análisis sobre el riesgo de acabar con el “pulmón del mundo”, sobre lo que eso supondría para el cambio climático, sobre las lluvias y sequías que vendrían, etc. Grave y preocupante situación, desde luego, y los análisis más o menos acertados haciendo un llamado a la conciencia de nuestras sociedades sobre el futuro que estamos definiendo para nuestro planeta y las generaciones que vendrán.

Pero, a pesar de lo encomiable del llamamiento y de la necesidad de todas esas reflexiones para la conciencia humana primó, una vez más, en la inmensa mayoría de las crónicas, de las imágenes televisivas, la siempre presente invisibilización de quienes durante siglos han cuidado, vivido y respetado la Amazonía.

Las informaciones tienden a trasladarnos una imagen de selva idílica donde habita en absoluta libertad y armonía solo fauna salvaje y flora endémica. Sin embargo, son más de 400 los diferentes pueblos indígenas, sobrepasando el millón las personas, que viven en este territorio. De alguna forma, es cómo si ardiera en dos semanas una de nuestras grandes ciudades y los medios de comunicación y la clase política solo nos hablaran, solo se preocuparan por el estado en el que quedarían edificios, calles y parques de la misma.

Lo cierto es que, una vez más, los intereses económicos de las élites han primado en los escasos pero unidireccionales análisis, declaraciones y reflexiones. Cierto es también que ha habido honrosas excepciones en esta visión, pero es innegable que cuando los medios y la clase política nos hablan de la Amazonía solo nos transmiten la idea de un paraíso o infierno verde y vacío. Y posiblemente, es en esto último donde una vez más está el quid de la cuestión.

Históricamente los procesos de colonización nos han trasladado la imagen de territorios vacíos, los famosos “terra nullius”, o territorios sin dueños. Ambos conceptos, sobre todo el segundo, despejaban el campo y la conciencia para la posterior invasión y ocupación colonial. Así, cuando ahora se habla de la Amazonía ésta es la idea que quieren imponer desde hace muchos años.

La comunidad internacional en diferentes momentos ha planteado la necesidad de que sea ésta la que se ocupe, la que administre la extensa cuenca amazónica por su importancia para la supervivencia del planeta. Por otra parte, los gobiernos de los ocho países que son parte de esta cuenca defienden que son ellos los responsables soberanos de la misma. Y unos y otros siguen ignorando a los verdaderos dueños del territorio, aquellos pueblos indígenas que han demostrado durante cientos de años que son los únicos que han sabido y saben de su correcto uso, conservación y disfrute sin poner en riesgo la biodiversidad y la sostenibilidad de los sistemas integrales de vida allí existentes.

Hoy, gobiernos pseudofascistas como el de Brasil consideran a las mujeres y hombres indígenas como un estorbo a eliminar para poder entregar esa tierra a mineros, ganaderos y agroindustriales. Y muchos otros gobiernos, como la mayoría de los que forman la “preocupada comunidad internacional” que, bajo la dirección de los poderes económicos, siguen viendo la Amazonía como un espacio inexplorado, repleto de riquezas hídricas, minerales, forestales, hidrocarburíferas, agroindustriales que hay que repartirse y poner en producción cueste lo que cueste. Incluso a costa de ese millón de personas que en sus declaraciones dicen defender pero ignoran, y que han demostrado verdaderamente saber cuidar la naturaleza, muy al contrario de quienes se presentan como sus teóricos defensores.

Por todo ello, hoy no solo la selva amazónica arde, sino que la casa de 400 pueblos está en llamas. Son cientos de culturas, de conocimientos y sabidurías, vitales entre otras, para la sostenibilidad de la madre tierra, abocadas a desaparecer. Son cientos de miles de personas en riesgo de ser expulsadas de su casa para engrosar la miseria de los barrios marginales de Sao Paulo, Río de Janeiro, Lima o Bogotá.

Y la pregunta, algunos dirán que ingenua, es si en este caso y ante esta realidad, actuaciones irresponsables de gobiernos como el brasileño y de quienes se mueven tras la cortina de humo del incendio, los intereses económicos de hacendados, oligarcas y transnacionales, verdaderos responsables últimos de esta situación, no pueden ser juzgados por crímenes de lesa humanidad. Otra pregunta en la misma línea es saber si esa hipócrita e interesada comunidad internacional que ha calificado como genocidios la muerte masiva, consciente y provocada de pueblos como el judío, no puede en este caso aplicar el mismo calificativo cuando se pone sobre la cuerda floja de la existencia a más de un millón de personas. O tendremos que suponer, nuevamente, que para este sistema neoliberal no todas las vidas y pueblos tienen la misma dignidad y derechos.

Límpiense sus lágrimas de cocodrilo, dejen de ver la Amazonía como un mercado de beneficios económicos para las élites locales y transnacionales y respeten la existencia de quienes han sabido construir modelos de vida respetuosos con la naturaleza. Saquen unos y otros sus manos de la Amazonía y ésta nos sobrevivirá. De lo contrario, no ya las generaciones venideras, sino nuestros inmediatos hijos e hijas verán morir y desaparecer ese espacio de rica diversidad humana y natural.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Congreso Venezolano de Agroecología, por una agricultura sustentable

La coyuntura actual de Venezuela ante el asedio del gobierno de Estados Unidos exige el desarrollo de alternativas audaces vinculadas a la producción de alimentos, en respuesta a la acción desestabilizadora del mercado.
Para enfrentar las medidas coercitivas de Washington que generan pérdidas millonarias y dificultan la adquisición de insumos destinados a atender las necesidades del pueblo, el Ejecutivo bolivariano trabaja en la constitución de un movimiento agroecológico nacional, con vistas a reconfigurar el paisaje alimentario.

En ese accionar se impone la necesidad de un encuentro entre actores sociales e institucionales para promover estrategias que permitan generalizar la agroecología, entendida como el estudio de procesos ecológicos aplicados a los sistemas de producción agrícola.

El III Congreso Venezolano de esa especialidad, del 17 al 19 de octubre próximo en la Universidad Nacional Experimental de las Artes, en Caracas, constituirá ese espacio enfocado en aportar soluciones a las actuales problemáticas, responsables de la afectación al sistema alimentario en el país sudamericano.

Determinar los factores que permitan establecer sistemas agroalimentarios para proteger la vida y la salud del planeta es uno de los objetivos de este evento, aseguró en entrevista a Prensa Latina Dayana Ortiz, profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

A ello se suma la construcción colectiva de redes agroecológicas desde los territorios, mediante la articulación con comunas, movimientos sociales y otras formas de organización, urbanas y rurales.

El Congreso está estructurado en tres dimensiones, transversalizadas como sistemas agroalimentarios alternativos.

Destacan en ese sentido las acciones prácticas, entre ellas la producción de bioinsumos y el almacenamiento local de semillas, además de las experiencias de organización para la producción y los conocimientos pertinentes como resultado de procesos de aprendizaje, explicó Ortiz.

La también miembro de la Asociación Venezolana de Agroecología detalló que entre las temáticas emergentes del foro figuran el diseño y manejo agroecológico, los desafíos, posibilidades y limitaciones de esta modalidad, así como el control de insectos y enfermedades.
RAÍCES DE LA AGROECOLOGÍA EN VENEZUELA
La actividad agrícola en el país experimentó un comportamiento atípico dentro de la subregión latinoamericana, especialmente durante un largo período del siglo XX y lo que transcurre del XXI, reseñó Francisco Herrera, especialista del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas.

Esta condición tiene entre sus causas la alta influencia de la renta petrolera que distorsiona la actividad económico productiva, social y cultural del país, lo cual se hace notable en la agricultura, en tanto las necesidades alimentarias de la población se han suplido a través de las importaciones, acotó.

Herrera señaló que la nación sudamericana vive actualmente un proceso de trasformaciones en base a una nueva institucionalidad, el cual se visualiza en dos períodos, según las políticas agroalimentarias.

El primero de ellos transcurre desde 1999, con la Constitución de la República, en la que se establece el papel del Estado en la promoción de la agricultura sustentable, hasta el paro petrolero de 2002, caracterizado por altos niveles de importaciones de bienes agroalimentarios.

De acuerdo con el doctor en Ecología, la segunda etapa se inició de 2003 en adelante, cuando el Gobierno adoptó medidas enmarcadas en el Plan de Desarrollo Endógeno, las cuales darían prioridad a la producción interna.
De esta forma, comenzó a fortalecerse la participación del Estado en la economía y en particular en los procesos de producción, transformación, distribución y consumo de bienes agroalimentarios.

Las conquistas ocurridas en el país en las últimas dos décadas constituyen una fortaleza para los movimientos sociales urbanos y campesinos, pues impulsan políticas públicas que favorecen la sustentabilidad rural como un eslabón fundamental en la construcción del nuevo pensamiento hegemónico agroecológico, consideró Herrera.
HACIA UNA SOCIEDAD AGROECOLÓGICA
El III Congreso Venezolano de Agroecología pretende ser un espacio para revelar protagonistas y fuerzas sociales que impulsen la actividad agrícola desde las comunidades.

La convocatoria de esta edición es abierta e inclusiva, por lo que se espera la participación de estudiantes, agricultores, académicos, e integrantes de las organizaciones o movimientos populares alimentarios, rurales y urbanos, enfatizó Ortiz.

A las actividades del foro, como las mesas de debate, se suman las ferias de semillas campesinas y productos agroecológicos, entre otras.

Esta tercera edición se propone la constitución de un movimiento agroecológico para generar planificaciones a nivel nacional y apoyar iniciativas locales, con influencia sobre políticas públicas futuras en los modelos agrícolas de Venezuela, puntualizó la especialista.

El I Congreso Venezolano de Agroecología se realizó en septiembre de 2014, en el estado de Falcón, hacia la construcción de una agricultura comunal, y la segunda edición tuvo lugar en 2016 en Aragua, con el propósito de aglutinar experiencias dentro de los procesos agroecológicos.

*Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La Vía Campesina y el desafío de llevar la agroecología campesina a escala territorial: el papel de las escuelas

"Hoy existe una creciente tendencia de crear procesos formación agroecológica llevados a cabo por los movimientos sociales del campo. Entre las escuelas técnicas agropecuarias ‘convencionales’ apropiadas por las organizaciones campesinas, las escuelas no formales de capacitación o formación campesina y la construcción de instituciones de educación profesional, licenciaturas e ingenierías en agroecología, hay una verdadera efervescencia de propuestas, enfoques, metodologías y prácticas en la formación agroecológica, sobre todo en América Latina".
En los procesos territoriales de resistencia y transformación, los movimientos sociales del campo cada mas plantean la agroecología como elemento clave en una agricultura campesina ecológica, encaminado junto con la reforma agraria y la defensa de la tierra y el territorio a la construcción de la soberanía alimentaria en armonía con la Madre Tierra (Rosset, 2016; Rosset; Martínez-Torres, 2012, 2016). Pero transformar una agricultura campesina – muchas veces atrapada en modelos tecnológicos derivados de la Revolución Verde (monocultivo, semillas comerciales, fertilizantes químicos, agrotóxicos, etc.) en una producción agroecológica, requiere procesos de formación humana, de la base campesina, además de procesos sociales que estimulan el intercambio, innovación y socialización horizontal de prácticas productivas alternativas (Stronzake, 2013; McCune et al., 2014).

Por lo tanto, hoy existe una creciente tendencia de crear procesos formación agroecológica llevados a cabo por los movimientos sociales del campo. Entre las escuelas técnicas agropecuarias ‘convencionales’ apropiadas por las organizaciones campesinas, las escuelas no formales de capacitación o formación campesina y la construcción de instituciones de educación profesional, licenciaturas e ingenierías en agroecología, hay una verdadera efervescencia de propuestas, enfoques, metodologías y prácticas en la formación agroecológica, sobre todo en América Latina (Barbosa; Rosset, 2017a, 2017b).

Los movimientos sociales parten de una acumulación de trabajo teórico y práctico de formación política, emancipadora, así incorporando aportes de la educación popular, la educación autónoma, el concepto de intelectuales orgánicos y la visión de la ‘nueva mujer’ y el ‘nuevo hombre’, hacia la construcción de procesos formativos en agroecología (Stronzake, 2013; Barbosa, 2015; McCune, 2017). En particular se observan estos procesos en las organizaciones y procesos articulados por La Vía Campesina (LVC) y la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (Cloc), su espacio continental (Martínez- -Torres; Rosset, 2011; Barbosa; Rosset, 2017b).

Es ante una coyuntura de crisis del capital transnacional financiero y su creciente necesidad de controlar los recursos mercantilizables del planeta – fenómeno inevitablemente vinculado con el discurso consumista que los medios comunicativos del capital proyectan hacia el seno de las voluntades individuales – que los movimientos sociales del campo construyen estrategias de formación con agroecología como eje de una lucha contra- -hegemónica (Rosset, 2016). En este sentido, la agroecología es, además de ser una disciplina científica y una práctica social, una herramienta en la auto-construcción del campesinado como sujeto histórico (Barbosa, 2015) que rechaza el consumismo, la mercantilización de la vida y la violación de la naturaleza (Rosset; Martínez-Torres, 2016; McCune, 2017).

Las y los sujetos individuales de formación, a menudo hijas e hijos de campesinas, pueblos indígenas y afro-descendientes, se convertirían en intelectuales orgánicos/as que no solamente sepan comunicar los argumentos del movimiento a la sociedad más amplia, sino también están preparados y preparadas para implementar la producción agroecológica en sus comunidades e ir tejiendo procesos asociativos de productores y productoras. Sin embargo, ya muchos movimientos y organizaciones se han dado cuenta que, a pesar de una verdadera proliferación de escuelas agroecológicas, la relación que pueden tener éstas con la transformación a nivel territorial hacia una ampliación, ‘masificación’ o escalamiento de la agroecología, no es tan directa o simple (McCune, 2017).

El presente ensayo se sitúa en tres reflexiones principales, los cuales hacen referencia a: (1) una “pedagogía campesina,” política-agroecológica, emergente, tanto en estas escuelas, como en los procesos agroecológicos territoriales; (2) a como llevar la agroecología campesina a una escala territorial (cada vez mas familias en cada vez mayores territorios), y (3) a como el territorio puede ser desplegado como mediador pedagógico para enlazar la pedagogía con la territorialización de la agroecología.

En la parte metodológica, hace falta una actualización de la propuesta de educación popular que surgió en los años 1960 del siglo pasado y su adecuación al mundo de hoy, particularmente respecto al contexto en que los actores sociales populares deben responder a las graves consecuencias ecológicas y sociales del modelo convencional de agricultura y alimentación. Si la educación popular nació en medio del problema estructural del latifundio (Freire, 1970), el problema de hoy es el modelo neoliberal y depredador del capital transnacional en su dominio sobre ecosistemas y pueblos.

El régimen corporativo de alimentos atenta en contra al planeta y sus habitantes: a la vez que produce unas tres veces las calorías necesarias al nivel mundial, también produce hambre, sed, contaminación, cambio climático, desiertos verdes, dependencias, enfermedades y graves injusticias.

Sin embargo, el modelo convencional se blinda en un ‘monocultivo del saber’ que confirma la legitimidad del sistema dominante a través de diversos medios: universidades, estaciones experimentales, propaganda comercial, supuestos reduccionistas y mitos. Recuperar y socializar los saberes y conocimientos populares que pueden romper el sistema de verdades del agronegocio, exige una actualización de la educación popular (Rosset; Martínez-Torres, 2016; Martínez-Torres; Rosset, 2014, 2016; McCune, 2017). Por lo tanto, este artículo parte de la necesidad de encontrar metodologías formativas que superan a los límites de la escuela en búsqueda de mayor relevancia para la reproducción social dentro del campo, dando respuesta a la necesidad de llevar la agricultura campesina agroecológica a la escala de territorios enteros, como parte del embate con el capitalismo extractivista del agronegocio, minería, etc. Hasta ahora se ha considerado la formación como un fenómeno centrado en el sujeto individual y sus procesos mentales; hace falta considerar las posibilidades de formación tomando como sujeto el territorio, en todo su complejidad humana, epistemológica, ecológica y sociocultural, para averiguar los métodos socio- -educativos adecuados para la reconfiguración territorial sobre bases agroecológicas (McCune et al. 2017a, b; McCune, 2017).

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El futuro de la humanidad y de la Tierra está ligado a la Amazonía


Leonardo Boff, la Amazonía está viviendo meses dramáticos. De enero a hoy, comparando con 2018, los incendios en la región aumentaron en un 145%. Un número devastador. La comunidad internacional se está movilizando. ¿Cómo clasificaría usted el comportamiento de la comunidad internacional?
La reacción fue muy fuerte y decisiva. El problema es que nuestro presidente no tiene modales civiles, no observa el protocolo oficial que subyace en la relación entre las autoridades. Ha ofendido al presidente francés Macron y a la canciller alemana Merkel. Es una persona mala y estúpida. No entiende nada de nada sobre el Amazonas ni sobre los indios. Quiere ocupar sus reservas naturales para el agronegocio y la minería. Pero cuando el problema toca la billetera, todo cambia. El presidente escuchó que los europeos ya no quieren soja y carne de Brasil, que el tratado comercial entre la Comunidad Europea y el Mercosur no se realizará sin un cambio radical de la política en relación con la Amazonía. Entonces cambió un poco su discurso.

Bolsonaro, desvariando, culpa salvajemente a las ONGs. ¿Cómo están las cosas?
Bolsonaro quiere reinventar Brasil en el marco de un ultraliberalismo radical. El modelo es la edad media religiosa, premoderna y preiluminada. Prácticamente ha desmantelado todo lo que Lula y Dilma hicieron en beneficio de los pobres. Ahora hay hambre en Brasil. Y el presidente, absolutamente paranoico, sale en televisión para decir que en Brasil no hay hambre. Un millón de familias han pasado de la pobreza a la miseria durante el año pasado y sufren hambre sistemáticamente. Todos los consejos de estado en las diversas esferas de la sociedad han sido abolidos. En resumen: “la era de la estupidez ha entrado en Brasil”. La sociología y la filosofía han sido prohibidas en universidades y otros cursos. Esto es para tener un pueblo que no piensa. Brasil, en esta lógica, puede convertirse en un país de parias, como la India.

Sabemos que en las bases de las políticas locas del gobierno existe la ideología “extractiva”, pero también existe el “soberanismo”, es decir, “el Amazonas es de Brasil”. Esto dice Bolsonaro. ¿Es así, Leonardo?

En este punto, Bolsonaro no tiene cultura ecológica. Creo que incluso los miembros del G7 tienen sólo una cultura ecológica “verde”, no como la del Papa Francisco que es una ecología “integral”.

He argumentado en varios lugares en estos términos, en el sentido de la nueva visión de la ecología. Desde la perspectiva de los astronautas que ven la Tierra desde fuera de la Tierra, todos dicen: la Tierra y la humanidad forman una sola entidad. No existe el planeta Tierra por un lado y la humanidad por el otro. Ambos forman una sola realidad. El ser humano es la porción inteligente, amorosa y sensible de la Tierra. Somos la Tierra, por eso el “hombre” viene de “humus”, tierra fértil, o “adam” en hebreo, o “tierra” en árabe. Somos más que hijos e hijas de la Madre Tierra... Somos la propia Tierra, que piensa, que ama, que cuida de todas las cosas. Esta es una idea de la mayoría de cosmólogos y astrofísicos.

Otro punto. Vivimos en la nueva fase de la Tierra, el proceso de planetización. Todos estamos en la misma Casa Común. Regresamos del exilio después de millones de años y ahora estamos todos juntos en un solo lugar, en el planeta Tierra.

La Tierra no es de nadie. Es un bien común de toda la humanidad y de toda la comunidad de vida (animales, árboles, microorganismos, etc.). La Amazonía es parte de la Tierra; Brasil no es el señor de la Amazonía. La Amazonía es de toda la Tierra, de toda la humanidad. Brasil posee sólo la gestión de esta parte, y la administra mal y de forma poco responsable. Hoy sabemos que la Amazonía, que abarca 9 países, es fundamental para el equilibrio del planeta, del sistema climático, de la absorción de dióxido de carbono, y además, regula el ciclo de lluvias en el mundo. Esto significa que toda la humanidad tiene una responsabilidad sobre la Amazonía, no es sólo de Brasil. El futuro de la vida en la Tierra se juega en la conservación o destrucción de la Amazonía. No estoy seguro de si los miembros del G7 tienen esta visión “integral” del problema.

Otro punto importante: en estas discusiones nunca se ha hablado de los pueblos indígenas, los habitantes originarios de estas tierras. Conocen el ritmo de la selva, saben cómo preservarla. Son nuestros maestros y doctores, no los científicos que tienen una visión desde afuera. La belleza del documento del Papa Francisco sobre el Sínodo Panamazónico es hacer que los nativos sean los protagonistas principales a fin encontrar soluciones verdaderas y sostenibles para este inmenso bioma (ecosistema).

Más allá de estas ideologías (extractivas y soberanistas), ¿cuáles son las “estructuras de pecado” que están devastando la Amazonía?

Las estructuras de pecado son la motosierra, la devastación sistemática de la selva por las maderas valiosas, por la biodiversidad, por elementos importantes para la medicina y especialmente por las “tierras ricas”, elementos fundamentales para la nueva tecnología 5G. Pero el mayor pecado es el exterminio de etnias enteras, la ocupación de sus reservas, la contaminación de los ríos debido a la extracción del oro. Muchos indígenas mueren de enfermedades porque la gente del agronegocio no quiere tratarlos y curarlos.
¿Qué está haciendo la Iglesia Católica para defender la Amazonía?

La Iglesia Católica es, ciertamente, junto con otras iglesias históricas como los luteranos, una presencia constante y exigente en defensa de los pueblos originarios. Existe el Consejo Misionero Indígena (CIMI), que ha estado trabajando sistemáticamente en la protección de los pueblos indígenas desde hace 30-40 años. El documento del Sínodo Panamazónico hace otro discurso. No se trata de convertir a las culturas sino de evangelizar en las culturas para que pueda surgir una iglesia con rostro indígena. En este sentido, se piensa en la ordenación de sacerdotes indígenas para crear esta nueva forma de iglesia que no sea simplemente una adaptación de las iglesias europeas.

El Papa Francisco, como sabemos, ha convocado para el próximo octubre un importante Sínodo sobre la Amazonía. En el muy denso y profundo “Instrumentum laboris” hay una propuesta para promover una “ecología integral” en la Amazonía. ¿Qué significa esto?

El sínodo es una derivación y aplicación de la encíclica Laudato Si’. Esto significa que debemos respetar este enorme bioma (ecosistema) en los 9 países, en su singularidad, en sus culturas, en sus idiomas. Así como los primeros cristianos hicieron su síntesis de la fe cristiana con la cultura greco-latina, así también la Amazonía debe hacer su camino. Crear realmente una eclesiogénesis. No será una iglesia occidental, sino indígena, afrolatinoamericana, con elementos de la tradición europea de la época colonial.

Precisamente en este documento se proponen nuevos caminos pastorales para la Iglesia en la Amazonía. Por ejemplo, hay una parte que puede llevar a una nueva visión de los ministerios. En especial el ministerio ordenado. Los conservadores están atacando este punto. ¿Piensa usted que el Sínodo será capaz de resistir?
El Papa Francisco tiene una enorme libertad interior y valor para abrir nuevos caminos. Yo creo que serán consagrados verdaderos presbíteros indígenas. Apoyo al obispo Erwin Kräutler, amigo del Papa, que defiende también ordenar mujeres. Dice que, en su diócesis –una de las mayores del mundo, a orillas del río Xingú–, las mujeres hacen todo lo que hace un sacerdote. ¿Por qué no permitir también la ordenación presbiteral de las mujeres?

Grandes teólogos como Karl Rahner y Luigi Sartori escribieron que no hay ningún dogma o doctrina que impida dar este paso. Todas las otras iglesias, incluidos los judíos, lo han hecho ya. La iglesia católica romana no puede seguir siendo una isla de patriarcalismo y antifeminismo. El Espíritu insta a la Iglesia a tomar esta decisión, por amor a los pueblos más alejados del mundo. Deus potuit, decuit, ergo fecit. [Dios podía hacerlo, y era bueno hacerlo... luego lo hizo].

Última pregunta: el Papa Francisco está dando un giro a la Iglesia en el sentido de la “Iglesia en salida” y de la sinodalidad. Sabemos que los enemigos de Francisco, que no son sólo eclesiásticos, están haciendo todo lo posible para limitar la fuerza de sus reformas. ¿Crees que el camino tomado por Francisco es irreversible?

Creo que el Papa Francisco ha inaugurado una nueva genealogía de papas de fuera del antiguo cristianismo europeo, donde vive sólo el 25% de los católicos. Nosotros en las Américas somos el 64%. Los otros están en África y Asia. Ha llegado el momento, en mi opinión, de que el camino del cristianismo en el mundo globalizado se haga a partir de estas nuevas iglesias, que tienen ya su madurez, su teología y su liturgia. Los que están en contra del Papa y el Sínodo son todos “herejes”, en el sentido original de la teología. La herejía no fue inicialmente una cuestión de doctrina sino de unidad de la Iglesia. Los que están en contra del Sínodo y del Papa Francisco rompen esta unidad. Son realmente herejes en el sentido verdadero y original de la palabra.

Publicada en RAI-Confini el 05-09-2019
Fuente: ALAI

martes, 3 de septiembre de 2019

La búsqueda de la “dieta perfecta”: ¿Una cuestión moral o nutricional?


la dieta perfecta
Un reciente estudio epidemiológico publicado en el British Medical Journal concluye que la sustitución de las grasas saturadas por poliinsaturadas quizá no prolongue la vida después de todo, lo que contradice décadas de opinión médica muy establecida. Curiosamente, esta conclusión no se basó en datos nuevos, sino en la reinterpretación de bases de datos ya conocidas. También asistimos a una tendencia creciente hacia la demonización del azúcar, con propuestas de imponer impuestos a las bebidas azucaradas.

La Chief Medical Officer británica, que aconseja al gobierno y al público en cuestiones de salud, ignoró la evidencia empírica que existe a favor del uso moderado del alcohol y hace poco redujo el límite diario recomendado para su consumo. Más tarde, la prensa reveló que el comité que elaboró estas directrices tenía estrechos vínculos con el movimiento por la templanza.

La ortorexia nerviosa, la preocupación excesiva por comer sano, se ha convertido en un problema clínico reconocido. Estos pacientes otorgan cualidades morales a su dieta y desarrollan sentimientos de afinidad hacia los alimentos que creen que mejoran la salud, así como sentimientos de aversión fuertes, incluso patológicos, contra la comida que creen dañina. Las emociones involucradas son tan potentes que estos pacientes llegan, paradójicamente, a perjudicar su nutrición en su búsqueda de la dieta perfecta.

Nuestros alimentos tienen una dimensión moral que creemos que afecta a nuestra salud. Pero la moralidad es un concepto humano que no se puede aplicar a la naturaleza, por lo que la división de los estilos de vida entre “buenos” y “malos” es engañosa. En realidad, no hay nada en la naturaleza que sea bueno o malo de por sí. Vemos, por ejemplo, al colesterol como algo malo y al ejercicio como bueno, pero nuestro cuerpo necesita colesterol para una variedad de propósitos importantes, mientras que el ejercicio físico puede ser peligroso y matarnos prematuramente.

La muy extendida creencia en la correlación inversa entre el placer y la salud determina las características morales que atribuimos a las comidas que consumimos y a nuestras opciones de estilo de vida. En esta perversa economía del placer, solo es posible alargar la vida a través de la renuncia al hedonismo, de la misma manera que los moralmente virtuosos renunciaron a los placeres de la carne para acceder al paraíso en tiempos más religiosos que los nuestros.

De esta manera, una dieta sana e insípida, en conjunción con vigorosos e incómodos ejercicios diarios, nos ganará el derecho a prolongar nuestras vidas. El placer no ganado, y por lo tanto ilícito (a través del consumo de alcohol, grasas y azúcar), será castigado con una muerte temprana.

Cimienta este enfoque moralista la idea de la naturaleza como una entidad personal, con un código ético y un plan. Parece que no hemos aceptado plenamente la idea de la evolución como algo mecánico y aleatorio, y seguimos atribuyendo una voluntad personal a la naturaleza, como la sucesora de Dios en nuestra sociedad secular. En este contexto, también vemos todas las cosas naturales como buenas y al artificio lo juzgamos como malo, ignorando el hecho de que la enfermedad y la muerte son acontecimientos muy naturales, que tratamos de evitar con la ayuda de intervenciones médicas perfectamente artificiales.

A la naturaleza (si se tratara de una persona, que no lo es) solo le importa la supervivencia y la reproducción. De hecho, nos gustan las grasas y el azúcar porque la escasez de calorías era la principal amenaza para la supervivencia en las sociedades preindustriales. La naturaleza nos ha implantado este deseo por la misma razón que nos ha programado para que nos guste el sexo: desear tanto las grasas como el sexo favorece la supervivencia y la reproducción.

Las cosas buenas se asocian con placer precisamente porque son buenas para nosotros, mientras que asociamos las cosas malas y peligrosas con el miedo y el dolor. Desafortunadamente, el placer también puede ser problemático para la supervivencia cuando se puede experimentar sin límites ni restricciones. La experimentación continua del placer a través del consumo también continuo de comidas de gran contenido energético anula el beneficio que estas comidas aportaban originalmente en términos de supervivencia.

De la misma manera que sentimos la necesidad de controlar nuestros deseos sexuales con normas morales para evitar el caos social, también parecemos haber desarrollado la necesidad de moralizar ciertas opciones placenteras cuyo acceso es hoy más sencillo que lo era antes.

Pero el caso es que, en última instancia, a la naturaleza le preocupan muy poco nuestras decisiones morales. Los nutricionalmente virtuosos también se morirán un día, al igual que el resto de nosotros, y tal vez no mucho más tarde.

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II Lugar Premio de Periodismo “Dr. Manuel Palacio Fajardo” 2016

Desde el 06012014 - 4:35 p.m.